Mi primer verano contigo

26 Ago

 

Es curioso, cuando las vacaciones están a punto de acabarse volver a la rutina te parece todo un mundo pero, una vez en casa, siento millones de ganas de hacer cosas, incluso aquellas que llegué a odiar allí por el mes de junio, cuando las vacaciones me parecían un oasis en mitad del caos.

Vuelvo a casa y mi casa me gusta más, vuelvo a pasear por mis calles y encuentro algo nuevo, vuelvo a abrir mi armario y hasta siento ganas de sentir el frío y ponerme ese jersey que tanto me gusta. Porque, como comentaba con mi querida Pepita Grilla, lo mejor que nos puede pasar es tener un lugar al que volver pero, sobre todo, lo mejor que nos puede pasar, es volver.

Vuelvo y vuelvo con ganas para ponerme delante del ordenador y escribir y, es que, no es para menos: he superado las vacaciones como madre primeriza. Y eso que ha sido fácil, mucho más fácil, gracias a la ayuda de los súper abuelos (el mínimo tono bronceado que luzco está patrocinado por ellos).

Servidora está bastante acostumbrada a viajar con niño pero, señores, las vacaciones es algo ya nivel muy top. Tienes un millón y medio de cachivaches que, como madre primeriza, tienes la vital necesidad de llevarte (sin los cuales el niño no se, pero tu sufrirías un mortal colapso), véase: bañera de viaje, piscina de bebés, flotador de bebés, cubo, pala, leche en polvo, cereales en polvo, esterilizador, biberones (unos cuantos, no vaya a ser que al final el esterilizador no quepa en la maleta y no des a basto con las ollas), cremas/jarabes infantiles… Y lo ya para matricula de honor y exclusivo para los padres más dispuestos: la tienda de campaña para meter al niño en la playa.

Total, que al final te ves viajando de la misma forma que jurasteis jamás viajar cuando erais una pareja de solteros y veías a familias enteras cargadas como mulas y vosotros llevabais una maleta que no hacia falta ni facturar.

Lo siguiente que llega es la sensación de querer suicidarte, cuando te entra la razón ya en el lugar de destino y ves que no te has ido a veranear a la mitad del desierto de Atacama, que resulta que donde vas es un sitio civilizado y hay supermercados…. ¡Incluso farmacias! Dios mío, esto es el paraíso. Porque, no nos engañemos, ¡qué nos gusta una parafarmacia a una madre!

El siguiente paso es ser consciente de que eso de que las vacaciones son para descansar se acabó. Tu estarás de vacaciones pero el niño tiene las mismas necesidades, con la diferencia, que tu vuelves a tener las 24 horas del día para cubrirlas y, lo de menos, es darle el desayuno, la comida, la merienda… Lo peor es el “mientras tanto”. Porque si, porque el niño va creciendo y con lo que antes se entretenía media hora ahora se entretiene 2 minutos, porque te acabas dando cuenta que ningún sitio es seguro si tu no estás con mil ojos observando y porque, lo que antes era un bebé tranquilo y dormilón, ahora se ha convertido en un bebé que todo lo quiere tocar/comer/romper y, finalmente, porque el sueño es el peor de los seres frente al que luchar y tu hijo, cual valiente caballero, será capaz de todo con tal de no sucumbir frente a el.

Así que, por si no te habías dado cuenta cuando recién llegada a casa del hospital te veías con el sacaleches inyectado y moviéndote como Robocop, la maternidad tiene poco de bucólico (por mucho que nos empeñemos en nuestra cuenta de Instagram) y mucho de darte con la misma vida en las narices.

A pesar de todo ello mis vacaciones han sido geniales, ¿las mejores? Desde luego no las más románticas pero si que llenas de felicidad. Soy feliz cuando veo que te ríes con todos y de todo y, me gusta pensar, que esa será tu actitud frente a la vida.

Tu cara de sorpresa al ver todas las cosas nuevas que te hemos mostrado este verano era igual que nuestra ilusión por mostrártelas  y, eso si que si, compensa el sacaleches, los cachivaches, el blanco nuclear de tu piel y, fíjense lo que digo, hasta la tienda de campaña para la playa.

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Ser padres es para los valientes

3 May

Son muchos los meses sin pasarme por aquí, pero el cambio radical que se produce en tu vida cuando te conviertes en madre no es para menos. Llevo 5 meses siendo mamá. Bueno, más bien 5 meses + 9 de embarazo, porque si, desde el primer momento que sabes que estás embarazada entra en ti un miedo que jamás desaparecerá, así que yo lo contabilizo como tal porque te conviertes en una persona sufridora por naturaleza.

En mi  caso este miedo no es a lo desconocido, no es al “lo haré bien, lo haré mal”… el miedo es a que a tu bebé le pase algo. Y cuando digo algo es algo, por minúsculo que sea. Por eso, para mi, ser padres sólo es apto para personas valientes… y luego estoy yo, que si mi hijo lleva estreñido un tiempo yo llevo cagada desde que supe de su existencia.

Y es que las personas de tú alrededor no te ayudan durante el embarazo:

– Uy que delgada estás, no tienes tripa. (Parece que tienes que ponerte como una vaca matea, si no la gente no se queda tranquila. Pero en tu subconsciente se queda la cantinela: “¿me estaré alimentando bien? ¿el bebé estará cogiendo peso?”)

Pues la prima segunda de la vecina de la cuñada de mi hermano resulta que tuvo un parto complicadísimo, el niño venía de nalgas y haciendo el triple salto mortal, así que la matrona tuvo que subirse encima y bailar zumba porque oye, el niño no salía. (Y tú piensas, “¡mierda! No controlo el zumba”).

Una vez que nace la cosa no mejora…

Ah, ¿Qué duerme bien por las noches? Ya verás ya, llegarán los cólicos, los dientes, los virus del estómago… A lo que tu piensas: señora, ¿me puede dejar tranquila?

Uy, este niño tiene hambre. Uy, este niño tiene frío. Uy, a este niño le está dando el sol. Uy, este niño parece resfriado….

Así van pasando los meses, tu cada vez más enamorada de tu hijo y el mundo volviéndose cada vez más en un lugar lleno de peligros para él o, por lo menos, visto desde tus ojos, así que a una no le queda más remedio que volverse una drama madre hasta el fin de sus días. Que, de lo que te dan ganas en realidad, es de encerrarte en un búnker con tu hijo, alejada de todos esos peligros y comentarios que te ponen negra.

Yo intento poco a poco ir mejorando y que los miedos vayan desapareciendo. Al fin y al cabo llegará el día en que tu retoño eche a volar y tú te encomiendes a todas los santos de la historia de la cristiandad para que la educación que le has dado haya hecho mella en él, pero los comentarios vuelven a estar ahí:

– ¿Qué has salido con el niño a pasear? ¿Con este frío? ¿Con este aire? ¿Con esta niebla? Que te dan ganas de decir: Si, y con los piolets.

– ¿Qué os vais de viaje? ¿Y con el niño? No, al niño lo dejamos con la matrona en clases de zumba.

Conclusión: que o eres valiente por naturaleza o te conviertes en una drama madre sufridora que, al fin y al cabo, no está tan mal teniendo en cuenta que es algo muy made in Spain. La tercera opción es responder a todo bicho viviente dispuesto a comentar cualquier aspecto de tu embarazo o tu hijo, pero creo que esta tercera casilla no está disponible hasta que no vas camino del tercer retoño.

Ahora hablando en serio… ser padres es para los valientes, si. Tu vida cambia por completo y tú ya no existes, por lo menos, durante unos meses y surgen miedos e inseguridades. Claro que el amor que sientes y recibes es exponencialmente mayor, por no decir infinito. Nadie es capaz, más que ellos, de hacerte gruñir por las noches cuando les oyes llorar, acercarte a su cuna y que ese enfado se convierta en un amor incondicional cuando los ves que ya no lloran, que al verte se les ha puesto una sonrisa de oreja a oreja (¿quién es capaz de sonreír recién despierto? Otra vez nadie más que ellos).

Como os decía soy una madre cagueta por naturaleza, pero hay padres valientes, muy muy muy muy valientes y, si ellos son valientes, sus hijos todavía más. Es el caso de Rubén y Lydia y su hijo Mateo, un ángel precioso del cielo. Si queréis saber más podéis visitar la página web 1motivomilrazones o seguir la cuenta de Instagram @lylivive . Porque, como os decía, ser padres es para los valientes, el resto únicamente sobrevivimos.

Las cosas del mundo bodil

14 Jun

Llegó Junio y con el entramos de lleno en plena época de bodas. Y hoy, lo que me pide el cuerpo, no es contar a las futuras novias aquellas últimas cosas que he visto por la red y me han llamado la atención. No, esta tarde lo que me apetece es darles algunos consejos a aquellas chicas que están ya en capilla o que están  pensando en que se acaba el mundo porque “¡Oh! ¡Dios mío! Me caso en Septiembre y ya no es época de peonías!”.

No considero mis consejos valiosos, de hecho, nadie me los ha pedido. Además, no soy ninguna Elisabeth Taylor que se casó 8 veces y, digo yo, de consejos de este estilo tendría unos cuantos. No, yo solo me he casado una vez, eso si, muy enamorada, así que aquí que me lanzo para contaros mis conclusiones después de preparar y disfrutar del día de mi boda.

El otro día estaba leyendo el libro “La vida es una verbena” de Lucía Be y me partía de risa con el capítulo “La Boda” porque se atreve a decir algo que es lo más cierto de este mundo y que es lo primero que una novia debe entender para intentar hacer una boda bonita y que, además, bien podría compararse con aquella frase “el primer paso para solucionar un problema es aceptar que lo tienes”. Y es que si, como bien dice Lucia Be: Señores, todas las bodas son iguales.

Asumámoslo, todas las bodas (o por lo menos todas las bodas a la española) son iguales, bien sean bodas campestres, urbanas… Si, en todas se siguen los mismos pasos e incluso podemos decir que están invitados los mismos personajes (la amiga llorona de la novia, el tío que hay que meter en un taxi y llevárselo a casa de la “alegría” que le ha traído vuestro enlace….).

Hoy en día todas las bodas tienen que ser dignas de cualquier revista y, si no tienes un photocall, un Candy Bar, un puesto de limonada, un seating plan original, regalas a tus invitadas bailarinas y llenas todo de panicula y paja como que oiga, como que no es una boda.

Todo eso de verdad que está fenomenal y las wedding planners hacen un trabajo estupendo, crean espacios maravillosos, pero hay que tener claro que eso no va a hacer tu boda distinta al resto o va a hacer que seas más feliz. Desde mi punto de vista, ¿dónde está el kit de la cuestión? En la capacidad de los novios para hacer entender a sus invitados lo que sienten el uno por el otro. 

Para mi, si ese día sois capaces de hacer partícipe al resto de los invitados, de lo que os queréis, habréis triunfado como la Coca-Cola. Y quizás vuestra boda no salga en el Vogue Novias, pero os digo yo que será una boda que si que se recordará como especial.

¿Y qué os puede ayudar a esto? Aquí os doy algunas ideas, ¡espero que os sirvan!:

  • Dad la importancia que tiene a la ceremonia: hay tantos detalles que preparar en una boda que nos solemos olvidar de lo más importante o tender a lo que hace todo el mundo. Y no estoy hablando de elegir entre las lecturas de siempre o el Ave María. No, estoy hablando de que organicéis la ceremonia que más vayáis a disfrutar y, sobre todo, la más sincera. Tened en cuenta que casarse por la Iglesia conlleva una serie de implicaciones con las que a posteriori podéis ser más o menos consecuentes pero, de verdad, si queréis una boda especial, haced aquello con lo que os sintáis a gusto y cómodos con vosotros mismo.
  • Miraros a los ojos durante el acto del matrimonio. Solemos no querer arriesgarnos, mirar “la chuleta” y decir las palabras más importantes mirando a un papel… No. Tenéis mucho tiempo por delante para aprenderos esas frases: aprendedlas y díselas a tu marido mirándole a los ojos. Os aseguro que, aunque durante las últimas semanas, hayáis repetido la frase 500.000 veces, ese momento es especial y es como si la dijeras por primera vez. Y decidlas lento, despacio, disfrutadlo.
  • Hablad durante la ceremonia entre vosotros, no pasa nada, preguntaros un millón de veces que tal estáis, decidle lo guapo que está… hablad, compartid ese momento y no penseis en toda la gente que hay detrás.
  • Aprovecha a dedicarle unas palabras a tu marido/mujer: tened en cuenta que, después de la ceremonia, los invitados se dispersan, pero durante la ceremonia todos están pendientes de lo que hacéis o decís, ¿por qué no aprovechar esta oportunidad para contarles a todos lo que significa para vosotros ese día? Normalmente solemos ceder la palabra a terceras personas (el sacerdote, padres, amigos…) pero, ¿por qué no ponerte el mundo por montera y decirle a tu marido delante de todo el mundo lo que significa él/ella para ti? De verdad, hasta hoy, mi ceremonia ha sido el tiempo donde más emocionada me he sentido, ¡aprovechad todos esos sentimientos! Además, si crees que los nervios van a poder contigo no te preocupes, todos lo entenderán y harán del momento algo todavía más especial.
  • Pon atención sólo a una cosa: tu marido/mujer. Los primeros momentos con el vestido, el ramo, que te haces con todo aquello, los nervios, que empiezas a ver a los invitados, que te han dicho que es un día que estás con todo el mundo y a la vez que no estás con nadie porque vas de un lado para otro… Y, ¿sabéis qué? Que al final te das cuenta de que perdiste de vista a tu marido al abrir el baile y no lo volviste a ver hasta que le pides ayuda en la habitación para desabrochar los 1.250.000 botones que llevas a la espalda. Así que te recomiendo que, ese día, te olvides de todo y sólo te preocupes porque la otra persona esté tranquila y disfrutando como tu.
  • Y, por último, no te olvides de tus padres… Tus padres ese día están en un segundo plano pero son las  personas, junto con vosotros, que más emocionadas están. No os olvidéis de ellos. Quizás penséis que son muchas cosas, pero hay momentos para ellos y que no os van a quitar de dejar de vivir otros momentos, por ejemplo: antes de salir de casa, de camino a la ceremonia, cuéntale o demuéstrale a tu padre lo que le quieres o lo emocionada que estás por ir de su brazo, dejadles una nota de cariño en la mesa presidencial… pequeños detalles que vayan más allá del típico ramo a las madres después de la comida/cena.

Seguro que pensais que son muchas cosas de las que acordaros ese día, pero de verdad que se resumen en muy poquitas:

1) Haz una ceremonia sincera y llena de sentimiento

2) No te olvides que no te casas sola, que sois dos, estad atentos el uno del otro

3) No te olvides de tus padres, están igual de emocionados que tú.

4) El resto viene solo, deja que pase… ¿por qué sabes que pasa? Estarás más o menos rato con tus amigas, con tu primo que ha venido desde EEUU para tu boda… pero todos ellos te lo perdonan. Lo que no te vas a perdonar es sentir que el día de tu boda no pusiste foco en lo importante (y, ya es tarde, aunque tengas el álbum de fotografía más maravilloso del mundo porque te pegaste 4 horas de reportaje entre campos de trigo).

Espero que os sirvan estas ideas, seguro que os parecerán mejores o peores, al fin y al cabo cada uno vive ese día de una manera distinta y, lo importante, es que lo disfrutéis a vuestra manera, ¡que al final siempre sale todo de 10 y, si no es así, todo se recuerdan como anécdotas!

Nos vemos pronto jardineros, ¡gracias por vuestra visita!

La Alta Costura es cosa de hombres

7 Jun

¡Madre mía! ¡Pero que desaparecida estoy! A veces las ganas de pasear por éste jardín no son suficientes ante todo los planes pendientes, las idas y venidas de los fines de semana, todo lo que tengo que hacer, todo lo que tengo que aprender y desaprender, muchas cosas en las que pensar y agobiarme y otras tantas en las que pensar y relajarme… el caso es que, en todo este tiempo (tampoco quiero calcular, por vergüenza torera, cuánto tiempo llevo sin pasarme por aquí), no he dejado de encontrarme con cosas “muy de Mi Diminuto Jardín” y, todas ellas, son las que hacen que hoy vuelva por aquí, para pasar un ratito delante del ordenador disfrutando con ellas y para que, todo aquel que así lo quiera, disfrute también con ellas.

¡Y qué raro! Vuelvo a la carga con colecciones de Alta Costura. Pero es que, las amantes de lo “disfrutar únicamente mirando algo bonito“, no podemos hacer otra cosa más que babear con este tipo de colecciones.

Y es que, la “Haute Couture” está jurídicamente protegida y únicamente pueden utilizar esta clasificación los miembros de la lista que cada año realiza el Ministerio de la Industria francés. ¿Las obligaciones para poder entrar en esta lista? Tener un taller propio con un mínimo de 20 empleados, presentar dos colecciones al año con un mínimo de 25 diseños o que los materiales de los prototipos deben de ser equivalentes a los empleados para las clientas.

¿Y lo que hace realmente especial a estos diseños? El modelo se hace una sola vez para una única clienta y, si la firma desea volver a hacerlo, ésta cliente debe dar su permiso para ello. Hace unos buenos años las clientes, en su mayoría de fuera de París, pasaban alrededor de tres semanas en esta ciudad para elegir y hacer las pruebas ¡hoy en día internet hace el resto!

Y, si es verdad que la Alta Costura comenzó de la mano de grandes mujeres (Chanel, Elsa Schiaparelli, Jeanne Lanvin….), ¡en la actualidad son los hombres los que conforman la mayoría de diseñadores de esta disciplina!

¿Cómo por ejemplo? Mis tres favoritos: Giambattista Valli, Elie Saab y Zuhair Murad. Y para muestra un botón: aquí van mis diseños favoritos de sus colecciones de Primavera Verano 2015.

  • Giambattista Valli: en esta ocasión me quedo con su colección de mini vestidos con pantalones y sus vestidos-túnicas.

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  • Elie Saab: cualquier mujer desearía pasearse por una alfombra roja con una de sus creaciones, ¡eso es lo que tiene que despertar la Alta Costura!

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  • Zuhair Murad: organza, tul, Chantilly y guipur… y como no, esos cinturones que empiezan a ser habituales en sus colecciones.

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Unicamente me queda dar las gracias a aquellas personas que durante todas estas semanas se hayan pasado por el jardín para ver si había alguna actualización, ¡siento la espera! Aunque verdaderamente quien más lo siente es una servidora, que disfruta de lo lindo estando por aquí las tardes de los domingos.

¡Nos vemos pronto! Lo prometo….

 

Georges Hobeika SS15

15 Mar

Después de estar unas semanas centrada en otros asuntillos aquí vuelvo para contaros, una vez más, cosillas que voy viendo y creo que merece la pena compartir. Esta vez comienzo contandoos que colecciono revistas, en concreto colecciondo revistas Vogue de otros países. Si, lo se, no tiene mucho mérito porque en cualquier kiosco puedes encontrar Vogues que no sean españolas… pero no, el mérito está en que tienen que estar compradas en el país de origen. Así que bueno, si alguien estando de viaje se acuerda de mi desde aquí digo publicamente: ¡qué se olvide del imán, del dedal o del chupito y vaya directo a un kiosco! Me hará feliz.

El caso, hace unas semanas llegó a mis manos la última edición de Vogue París y ahí estaba: Georges Hobeika.

Si no recuerdo mal en algún post ya he mostrado algún diseño de esta firma pero la verdad es que su colección de Alta Costura Primera Verano 2015 me ha encantado.

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Y, es curioso, pero he encontrado mucha más inspiración para el mundo novias en su colección de Alta Costura que en su colección específica de novias. Cuerpos de encaje, entallados,capas, botones, pantalones… ¡muchas ideas que ir apuntado!

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Couture-PE-15-30-1200x1800Y. como siempre… ¡feliz comienzo de semana!

Y con éste… 100

1 Feb

99…… ¡¡¡¡y 100!!!! Porque con éste ya van 100 posts: tres años de Mi Diminuto Jardín y 100 posts.

Seguro que estas cifras no cumplen ningún ratio de eficicacia según los expertos en esto de los blogs y las redes sociales pero, para mi, es todo un logro. Un logro porque cuando abrí el blog no sabía si iba a ser capaz de mantenerlo activo, pensar en temáticas para ir actualizándolo… y la realidad es que con más o menos frecuencia, dedícándole más o menos tiempo o incluso, admito, con más o menos ganas… pero puedo decir que este pequeño espacio sigue siendo mío y me sirve para dedicar tiempo a todo aquello que me gusta, porque para mi es una herramienta para acercarme a mis hobbies e incluso aprender más sobre ellos.

Si, para mi es logro e incluso puedo decir que estoy orgullosa. No por el alcance del blog, no por el  número de seguidores… no, este espacio me hace sentir orgullosa porque he creado mi propia ventana al mundo, una ventana a la que me asomo siempre que quiero y que me permite incluso definir y perfilar una pequeña parte de mi.

No puedo negar que me hace ilusión cuando alguien me dice “¡me gusta lo que escribes!”, siento lo mismo que cuando alguien te dice un “me he acordado de ti”, “estuve aquí y te hubiera encantado”, “me hubiera gustado que hubieras estado” o “echaba de menos estos ratos contigo”. ¡Qué bonitas frases, ¿verdad?! Denotan no sólo cariño, sino que también te conocen bien. Así que muchas gracias a todas aquellas personas que a lo largo de estos 100 posts me han dicho algo parecido, porque significa que gracias a Mi Diminuto Jardín, me han ido conociendo un poco más. Y, a mi, me gusta que la gente me conozca.

Me gusta que la gente me conozca, que sean capaces de sincerarse y yo sincerarme con ellos. Porque de cara a la galería todos somos de revista, todos salimos guapos en las fotos, a todos nos va bien, pero la realidad puede ser otra y, ¡ey! somos humanos, podemos estar interesados en querer cambiar de dirección aunque “lo marcado” por alguien que todavía no he tenido el placer de conocer, diga que esa no es la dirección correcta.

Por otro lado, mientras escribía estas 100 entradas han pasado cosas en mi vida y, ¿sabeis qué? Hasta hace bien poco mi vida estaba llena de listas: lista de cosas pendientes, lista de lugares que quería visitar… y se puede decir que de un día para otro mi perspectiva cambió. Si, las listas no están del todo mal, pero lo malo es cuando pasa demasiado tiempo sin tachar nada de esa lista. Si ésto pasa, considero, que algo no está funcionando bien en nuestras vidas.

Si, porque todos más o menos tenemos esa lista, aunque sea en la mente, de cosas que nos gustaría hacer, pero el problema es que no sabemos el tiempo que tenemos para hacerlas realidad y, ¿lo peor? que esperamos a que se den las condiciones perfectas para llevarlas a cabo. Cosa curiosa cuando estamos rodeados de imperfecciones y, ¡sobre todo! cuando el propio ser humano es imperfecto. Paradójico, ¿no?

Por eso quiero dedicar el post número 100 a proclamar mi propio manifiesto, conciso y claro:

“Puedo prometer y prometo que en este blog no se nombrará la palabra wish list (lista de deseos) a partir de ahora. Porque no podemos hacer una lista de deseos, hay que cumplirlos y punto, sean grandes o pequeños, sean más o menos importantes, sean genialidades o tonterías, nos llamen locos o visionarios.

Se permite hacer pequeñas listas, pero con el único objetivo de recordar aquello que alguna vez nos entusiasmó, nos hizo ilusionarlos y, si pasado un tiempo prudencial, ese deseo ha sustituido a otro, no hace falta tacharlo porque sólo con pensar en ese deseo recordarás lo que te hizo feliz.

Por otro lado, y pasado otro tiempo prudencial, no has tachado ningún deseo pero esta vez por la simple razón de que no tuviste tiempo de llevarlo a cabo… cambia algo en tu vida. Pero recuerda, paso a paso, no te agobies.

Si, por el contrario, la razón por la que no llevas a cabo tu deseo es porque estás esperando a “algo”, analiza si ese algo es esencial para hacer realidad tu deseo. ¿Lo es verdaderamente? ¿Ese algo es una fuerza interesteral que te prohibe manejar tus ilusiones? Si la respuesta es NO ponte manos a la obra: planifica y a por ello.

Y, por último, que no se te olvide nunca echar la mirada atrás para recordar todos aquellos deseos que ya fueste capaz de cumplir.

¡¡Suerte!!”

Y, una vez más, GRACIAS.

El street style de la Semana de la Moda de París

1 Feb

Como muchos ya sabeis, del 25 al 29 de enero, se ha celebrado en París la Semana de la Alta Costura Primavera Verano 2015 así que, lo que me pedía el cuerpo, era enseñaros aquellos diseños que más me habían llamado la atención durante estos 4 días. Sin embargo, estas semanas de la moda tienen también una cara B de lo más interesante: el street style de los asistentes a los desfiles.

Y, para ver ese otro lado, la versión digital de la revista Vogue ha hecho un trabajo buenísimo, haciendo una selección de todo lo extraordinario que se ha acercado a ser testigo de cada uno de los desfiles. Por tanto (y porque París es París) aquí os traigo mi pequeña selección de todos aquellos detalles que quizás pasan desapercibidos para los focos, pero no para los amantes de la moda… ¿Si queréis ver la totalidad del reportaje de Vogue? Pinchando aquí podréis daros un paseito por los alrededores de esta Semana de la Moda.

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Se pueden ver pequeños detalles y que, gracias también a fotografías hechas con mucho gusto, enamoran.

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Pero lo que se ve en la calle es, sobre todo, una colección de bolsos que ya nos gustaría a muchas… ¡¡auténticas piezas de museo!!

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Porque como he dicho París es París.. porque hay cosas que únicamente son genuinas por el simple hecho de estar allí, porque todo tiene una atmósfera diferente, porque es la ciudad de la alta costura pero también la ciudad donde cada persona interpreta la moda como quiere.

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Porque París lo hace todo especial.