Las cosas del mundo bodil

14 Jun

Llegó Junio y con el entramos de lleno en plena época de bodas. Y hoy, lo que me pide el cuerpo, no es contar a las futuras novias aquellas últimas cosas que he visto por la red y me han llamado la atención. No, esta tarde lo que me apetece es darles algunos consejos a aquellas chicas que están ya en capilla o que están  pensando en que se acaba el mundo porque “¡Oh! ¡Dios mío! Me caso en Septiembre y ya no es época de peonías!”.

No considero mis consejos valiosos, de hecho, nadie me los ha pedido. Además, no soy ninguna Elisabeth Taylor que se casó 8 veces y, digo yo, de consejos de este estilo tendría unos cuantos. No, yo solo me he casado una vez, eso si, muy enamorada, así que aquí que me lanzo para contaros mis conclusiones después de preparar y disfrutar del día de mi boda.

El otro día estaba leyendo el libro “La vida es una verbena” de Lucía Be y me partía de risa con el capítulo “La Boda” porque se atreve a decir algo que es lo más cierto de este mundo y que es lo primero que una novia debe entender para intentar hacer una boda bonita y que, además, bien podría compararse con aquella frase “el primer paso para solucionar un problema es aceptar que lo tienes”. Y es que si, como bien dice Lucia Be: Señores, todas las bodas son iguales.

Asumámoslo, todas las bodas (o por lo menos todas las bodas a la española) son iguales, bien sean bodas campestres, urbanas… Si, en todas se siguen los mismos pasos e incluso podemos decir que están invitados los mismos personajes (la amiga llorona de la novia, el tío que hay que meter en un taxi y llevárselo a casa de la “alegría” que le ha traído vuestro enlace….).

Hoy en día todas las bodas tienen que ser dignas de cualquier revista y, si no tienes un photocall, un Candy Bar, un puesto de limonada, un seating plan original, regalas a tus invitadas bailarinas y llenas todo de panicula y paja como que oiga, como que no es una boda.

Todo eso de verdad que está fenomenal y las wedding planners hacen un trabajo estupendo, crean espacios maravillosos, pero hay que tener claro que eso no va a hacer tu boda distinta al resto o va a hacer que seas más feliz. Desde mi punto de vista, ¿dónde está el kit de la cuestión? En la capacidad de los novios para hacer entender a sus invitados lo que sienten el uno por el otro. 

Para mi, si ese día sois capaces de hacer partícipe al resto de los invitados, de lo que os queréis, habréis triunfado como la Coca-Cola. Y quizás vuestra boda no salga en el Vogue Novias, pero os digo yo que será una boda que si que se recordará como especial.

¿Y qué os puede ayudar a esto? Aquí os doy algunas ideas, ¡espero que os sirvan!:

  • Dad la importancia que tiene a la ceremonia: hay tantos detalles que preparar en una boda que nos solemos olvidar de lo más importante o tender a lo que hace todo el mundo. Y no estoy hablando de elegir entre las lecturas de siempre o el Ave María. No, estoy hablando de que organicéis la ceremonia que más vayáis a disfrutar y, sobre todo, la más sincera. Tened en cuenta que casarse por la Iglesia conlleva una serie de implicaciones con las que a posteriori podéis ser más o menos consecuentes pero, de verdad, si queréis una boda especial, haced aquello con lo que os sintáis a gusto y cómodos con vosotros mismo.
  • Miraros a los ojos durante el acto del matrimonio. Solemos no querer arriesgarnos, mirar “la chuleta” y decir las palabras más importantes mirando a un papel… No. Tenéis mucho tiempo por delante para aprenderos esas frases: aprendedlas y díselas a tu marido mirándole a los ojos. Os aseguro que, aunque durante las últimas semanas, hayáis repetido la frase 500.000 veces, ese momento es especial y es como si la dijeras por primera vez. Y decidlas lento, despacio, disfrutadlo.
  • Hablad durante la ceremonia entre vosotros, no pasa nada, preguntaros un millón de veces que tal estáis, decidle lo guapo que está… hablad, compartid ese momento y no penseis en toda la gente que hay detrás.
  • Aprovecha a dedicarle unas palabras a tu marido/mujer: tened en cuenta que, después de la ceremonia, los invitados se dispersan, pero durante la ceremonia todos están pendientes de lo que hacéis o decís, ¿por qué no aprovechar esta oportunidad para contarles a todos lo que significa para vosotros ese día? Normalmente solemos ceder la palabra a terceras personas (el sacerdote, padres, amigos…) pero, ¿por qué no ponerte el mundo por montera y decirle a tu marido delante de todo el mundo lo que significa él/ella para ti? De verdad, hasta hoy, mi ceremonia ha sido el tiempo donde más emocionada me he sentido, ¡aprovechad todos esos sentimientos! Además, si crees que los nervios van a poder contigo no te preocupes, todos lo entenderán y harán del momento algo todavía más especial.
  • Pon atención sólo a una cosa: tu marido/mujer. Los primeros momentos con el vestido, el ramo, que te haces con todo aquello, los nervios, que empiezas a ver a los invitados, que te han dicho que es un día que estás con todo el mundo y a la vez que no estás con nadie porque vas de un lado para otro… Y, ¿sabéis qué? Que al final te das cuenta de que perdiste de vista a tu marido al abrir el baile y no lo volviste a ver hasta que le pides ayuda en la habitación para desabrochar los 1.250.000 botones que llevas a la espalda. Así que te recomiendo que, ese día, te olvides de todo y sólo te preocupes porque la otra persona esté tranquila y disfrutando como tu.
  • Y, por último, no te olvides de tus padres… Tus padres ese día están en un segundo plano pero son las  personas, junto con vosotros, que más emocionadas están. No os olvidéis de ellos. Quizás penséis que son muchas cosas, pero hay momentos para ellos y que no os van a quitar de dejar de vivir otros momentos, por ejemplo: antes de salir de casa, de camino a la ceremonia, cuéntale o demuéstrale a tu padre lo que le quieres o lo emocionada que estás por ir de su brazo, dejadles una nota de cariño en la mesa presidencial… pequeños detalles que vayan más allá del típico ramo a las madres después de la comida/cena.

Seguro que pensais que son muchas cosas de las que acordaros ese día, pero de verdad que se resumen en muy poquitas:

1) Haz una ceremonia sincera y llena de sentimiento

2) No te olvides que no te casas sola, que sois dos, estad atentos el uno del otro

3) No te olvides de tus padres, están igual de emocionados que tú.

4) El resto viene solo, deja que pase… ¿por qué sabes que pasa? Estarás más o menos rato con tus amigas, con tu primo que ha venido desde EEUU para tu boda… pero todos ellos te lo perdonan. Lo que no te vas a perdonar es sentir que el día de tu boda no pusiste foco en lo importante (y, ya es tarde, aunque tengas el álbum de fotografía más maravilloso del mundo porque te pegaste 4 horas de reportaje entre campos de trigo).

Espero que os sirvan estas ideas, seguro que os parecerán mejores o peores, al fin y al cabo cada uno vive ese día de una manera distinta y, lo importante, es que lo disfrutéis a vuestra manera, ¡que al final siempre sale todo de 10 y, si no es así, todo se recuerdan como anécdotas!

Nos vemos pronto jardineros, ¡gracias por vuestra visita!

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